Lamine Yamal vivió ayer una auténtica metamorfosis. Hay un antes y habrá un después diferente tras su primer “hat trick” con el Barça. Su juego experimenta un cambio espectacular por su eficacia goleadora. Su forma de entender el fútbol está viviendo una transformación. Su principal objetivo ya no es centrar sino marcar. Se ha dado cuenta que tiene talento y capacidad para jugar de cara a portería. Con solo 18 años está llamado a hacer historia.
Ya es el máximo goleador del equipo por delante de Ferran y Lewandowski y el tercero en la lista del Pichichi. En 34 partidos ha metido los mismos goles que en toda la temporada pasada, 18. Palabras mayores. Sin querer compararle con Messi, hay que reconocer que le supera en precocidad y eficacia.
Frente al Villarreal demostró un poder de definición excepcional y una ambición sin límites. Se nota que disfruta en el campo, que la vida le sonríe y que está en el mejor lugar del mundo para seguir creciendo.
Lamine es un diamante incomparable. Una joya que hay que cuidar y proteger. Conscientes de que si se tuviera que fichar no habría dinero para conseguirlo. Futbolistas de este nivel aparecen de forma excepcional. Y lo mas importante es que ha sido criado y desarrollado en La Masía, tiene sangre blaugrana y una formación humana que refuerza su personalidad.
El requisito para el Balón de Oro
Para convertirse un día en Balón de Oro, para llegar a ser el Nº 1, Lamine ya tiene claro que no basta con ser un buen delantero, hay que ser un goleador. A Messi le costó tiempo descubrirlo, pero él pese a su juventud lo tiene claro. Goles son amores y títulos son honores. Ya no tiene bastante con destacar, tiene que marcar. Los tres goles de ayer le han abierto los ojos. Su futbol es puro espectáculo pero con el aliciente del gol se convierte en algo sublime.
Una de las claves para que Lamine haya alcanzado el momento de plenitud actual, es la confianza que ha depositado en su juego Hansi Flick. Le apoya, le tutela y le guía. Es como su padre deportivo. Sabe de su capacidad y le obliga a superarse. Y en justa correspondencia el jugador le hizo un gran regalo en su partido número 100 en el banquillo barcelonista, un “hat trick” que puso en pie el Camp Nou.
La convincente victoria frente al submarino amarillo que ha consolidado el liderato, ya es historia. Ahora toca pensar en la Copa y en remontar la goleada encajada frente al Atlético. En este sentido es doblemente importante el triunfo ya que confirma la superioridad en la Liga y permite soñar en la remontada. Con Lamine enchufado y con Pedri como director de orquesta, no hay nada imposible. Será determinante no encajar ningún gol confiando en la seguridad de Joan Garcia y en el buen momento de Cubarsí y Eric. Hay pólvora para marcar cuatro goles pero hay que echar el cerrojo.